domingo, 4 de enero de 2009

El mojado

La carta con que se inició

Fresnillo, Zacatecas; 15 de Noviembre de 2008

José:

Aquí ya empieza a calar el frío y no creas, pos haces falta vato. Yo creo que esta carta va a terminar pronto porque hasta se me entumen los de dulce.

La cosa es simple, quiero que por favor hagas un esfuerzo; vamos a ir varios a la frontera maldita dentro de exactamente un mes y me la pelo por verte un cachito de día. Se que eres muy hábil y lo podrás hacer, creo que nomás dos nos vamos a separar a Ciudad Juárez para ver a los que están en El Paso, si quieres algo especial que quieras encargarme pos nomás dices.

De lo demás, todo esta bien, tu perra la Nicki hace todas las veces de compañía, es bien linda, es tan negra como tú y sus ojos pos esos si son tristes, en eso nos parecemos tu puta perra y yo, haces falta acá cabrón, pos sí es chido de repente recibir un dinerito pero creo que ya viene con intereses y réditos y la chingada, salgo bien con las cuentas pero cuando llega el varo es como que trates de reemplazar tu presencia con unos “de los verdes”, no te lo reclamo pero a veces, no del alma, simple cuerpo que se comerán los gusanos falla, hacerme una puñeta y incluso una puñeta cuata no me basta, quiero ver tus tatuajes, tu gorrita, tu sudor de cuando llegabas del taller que daba poquito dinero pero nunca te trataron mal, yo no se pa’ que vergas te ibas, José…

Hasta me duele escribir tu nombre, no quiera ponerme en plan de vieja pero estando por allá solo puedes conseguir cualquier cabrón con cual coger, tan fácil como a mi se me ofrecen, hay cabrones que ni porque te ven el filero en el fajo se detienen de pedirte que les prestes la verga, ahora tú con toda la carga que has de traer, todo tensionado, te has de hacer un vato de esos de carne fácil, a los gavachos les encantan los latinos…

Puta madre, estaba escribiendo resabroso y me llegó la vecina, que que pobre de mi, que tu bien lejos y que me ve más flaco, pinche vieja, que le importa, de eso a estar todo panzón como el jodido amante que se reventó, nel.

Pero por otro lado más mejor, creo que te estaba reclamando mucho y no tengo ganas de borrar lo que te escribí porque es la mera verda’ y porque no quiero volver a escribir copiando. Copiando, no, mejor copeando, nomas le lamo el timbre, me voy a la tienda y me hundo en un tequilazo, pa demostrarme que no me haces falta, que no te necesito pero que te veré y tocaré tus manos por una red onquesea.

Cerró la carta, le lamio de mal gusto el timbre y desesperado por echarla en el buzón, no se vaya a arrepentir, regreso a casa con el rostro duro, imaginando que no le dolía y abrió una botella de tequila que esperaba que fuera para Navidad y le dio un trago profundo que de todos modos no le quito la desesperación. Saca la yerba, una canala y le empezó a jalar el hilito al papalote, cuatro toques le dio y estrujo el churro en sus manos quemándole la palma de su mano y empezó a llorar, desesperado con lágrimas se metió cuatro dedos a la mano y saco saliva que se restregó en la cara con la saliva olor a mariguana y otros cuatro dedos más para mojarse su verga flácida y sin ganas, lo que ahora quería aunque mucho le doliera que le metiera su pene pulsante y nervioso, era capaz de aceptarlo sin condón. Rebuscó el carrujo que ya estaba hecho bolas y desesperado soltó un gemido de esos que acompañan un grito y pos como estaba el patio trasero pos se compartió el sonido a la casa de la vecina donde vivía Fernando, el Fede. Se oyó el cancel del Fede azotar y tres segundos después la palma de su mano empezó a azotar la puerta.

— ¡¡Abre cabrón!!

—¡¡Lárgate Fede, nadie te llama!!

— Teguatirar la puerta Wicho, abre vato

— Vete a la chingada ese, lárgate

Empujo con el cuerpo una sencilla puerta no atorada y buscando fácilmente el grito encontró un cuerpo borracho sentado en el patio en el piso con las manos cruzadas y escondiendo su cara para tirar a la tierra sus lágrimas y su pantalón Dickie y sus bóxer roídos en los talones, las nalgas en las tierras.

— Que pedo compa, ¿pos que tan grave anda o que?

— …

—Parece compa, no ande haciendo esto

—Vete Fede, ando bien caliente y no quiero cagarla

— Soy de confianza Wicho, no me jodas, ven

De un jalón paro su cuerpo mal comido, sábado cuatro de la tarde, ni un taquito se había echado al buche. El Wichos’pito estaba lleno de baba y capeado por tierra que le mancho el pantalón del Fede y lo envolvió en un apretón sin malicia.

— ¿Le pusiste y sin hablarme? que culero cabrón, ni un cachito dejaste Wicho

— Me hace un resto de falta el culero, Fede, ya no la armo, que se venga ya o me voy

— Pos lo que quieras hacer pero ya cálmate cabrón

—Le dije que voy a ir con la banda a La Línea pa verlo, se lo mandé decir por carta

— ¿Y ya pediste permiso en la armadora?

— Pos ya saben que va a ir pueblo y medio, vamos a trabajar en Navidad a cambio de esto

— Ah, pos ya está mijo, yo me voy con usted, lo acompaño y sirve que juntos le mentamos la madre al José

— Jeje

Una risa sin ganas termino la mala escena y con una llamada pidieron pizza grandota y cerveza pa empezar ese sábado.

José recibe la carta

Le llego quince días después, un lunes na’más, pa empezar bien la semanuca, ya había rayado su lana.

— Que a toda madre, pos muy bonito empezó pero de puto no me bajó, ahorita me encargó de este cabrón, nomas que den las once pa ver si ya llegó de cotorriar, de trabajar y de haberse tirado a algún cabrón, que dice que a él también le llueve, pinche Wicho, pero ahorita…

Se fue a la farmacia a comprar una tarjeta de cinco dólares, luego a una caseta telefónica con sus cigarros y una cerveza envuelta en papel café. A penas eran las 10:30 de la noche, no podía arriesgar cinco dólares para que el Wicho no estuviera, era seguro que a las once estuviera en casa, a lo más es que estaría cenando con la Nickota porque a luego y madruga.

Faltando nomás cinco minutos y era la segunda vuelta que daba la patrol, de segurito iban por él. Corrió en sentido contrario a los carros, pero no le valió, iban por él. Volvió a girar en un callejón y se metió como pudo debajo de un vocho entre dos camionetas. En cuanto pudo entrar no sin hacerse un raspón en la panza y vio pasar las llantas de la patrulla por un lado de él.

Fue a su casa, se cambió de ropa y salió con solo sus cigarros y la boca recién lavada para que no oliera a cigarro, pa acabarla, hasta el uniforme del almacén se puso otra vez. Ya pasaba de la media noche pero tenía que hablar con su jaina.

Timbró cuatro veces, una más y hubiera sido la contestadora

— ¿¿Bueno??

— Pos ai' dos tres, pero si te alcanzó a dar

—Joséééé, machín, que padre oírte, me estaba bañando

— Y no se te cayó el jabón, mijo

— Noseamamona se llama muñeca

— Que pues papá, no me digas que nomás vas a venir pa’l 15 y ya te vas

— ¿Ya te llegó entonces la carta?

— Tas bien atrasado cabrón, dile al Fede que te preste su máquina y me mandas un mail vato, más rápido, ¿Qué tal de que nomás no me llegue la carta y tu te quedas ai’ parado como pendejo en La Línea?

— Es que no quería que se enterara de nada y quería hacerlo así, andaba bien pedo José

— No si sí me di cuenta, si de puta no me bajaste

— Olvida eso cabrón, me puse como loco

— Oye Wicho, ¿y nomás trais la toallita blanca que nos llevamos de El Primaveras?

Una hot line con su pareja. Sabe raro pero lo animó mucho, realmente lo calentó. Por el teléfono escuchaba una escupida de José y Wicho se escupía su verga, ahora sí de verdad, trato de detener su semen por dos ocasiones mientras oía la voz de José diciéndole las mil poses que le iba a hacer dentro de un año que mejorara su entrada de dinero.

Recordaron como le ponían al vicio cuando andaban muy enamorados, José le daba el toque y Wicho recibía todo el humo y luego al revés, eso era código de que cuando llegarán a casa los dos tenían ganas de ser penetrados con locura y José recibiría el salvajismo de Wicho con una bienvenida. Cuando ya no se pudo contener fue cuando José le dio el golpe a su cigarro y deteniendo el humo y con voz de ultratumba le dijo

—Te voy a retacar toda la verga hasta el fondo

Al Wicho se le hincho el pene y todas sus venas, no había para atrás aunque él lo deseara, era una rara combustión de güevos de no menos de 10 segundos que aunque dejara de tocarse, esa ida y venida de leche por las venas de su pene iba a ser forzosamente recorrida e imposible de detener, era algo que le gustaba mucho ver a José, que lo estaba penetrando y sin tocarse el Wicho aventaba el semen liquido poco espeso, ligeramente blanco regularmente a su cara porque le gustaba penetrarlo con las patas al hombro para ver como se aguantaba el dolor por darle placer y excitándose más cuanto más daño le hacía y las embestidas eran más profundas. Hoy no fue diferente, con una vocal incierta o poliglota en sus labios abiertos corrió su cara de semen que se siguió embarrando por los cachetes, los labios y sacando la lengua para dejarse el sabor amargo de su lácteo testicular, semen, leche caliente, una escupida de su interior que le llenaba más que los gargajos que le aventaba José entre su verga y su cara que luego lamía. No paraba de pedir la verga de su amante. Aún con su pene yendo hacia menos le recordaba a José cuanto lo ama y lo difícil que es vivir sin sus manos grandes y sus dedos gordos que abrían camino para una penetración cómoda.

— Ya me tengo que ir Wicho cabronsote, si estuvieras ahí, te lamería tu cara para que me amargaras el gaznate con tus mecos, pero esto ya esta pitando que se esta acabando, dime en que parte de la reja te voy a ver

— José, te des….

The time is over, cruel, casi como su despedida. Sí es que no salía temprano, Wicho, de la armadora para arrear un paquete de piedra a 100km, solo hubiera encontrado la carta de despedida de Juan. Si mal no se recuerda en esa relación, fue el único golpe duro fuera de la cama que le propino Wicho a José. Empuño fuerte y golpeo el abdomen abultado de Juan mientras le decía una lista de groserías, tantas como aprendió en la infancia.

Su fluido ya había secado en su cara y bien pudo ser de nuevo fresco si es que no se detuvo esa última lágrima pero es que ya se había cansado de llorarle tanto. Abriendo la boca como desencajándose las mandíbulas quebró su semen seco del rostro y se enjuago la cara en el baño olvidando colgar el teléfono. Pa que lo colgaba si la única llamada que tanto le hacía feliz ya la había recibido. Quedo el teléfono olvidado en el sillón que se habían encontrado y con esponja el Juan lo había rellenado pa que quedarme, no bonito pero menos pior.

Inocente pócima de amor

Pasaron, llegaron ya los quince días. Bueno, realmente los catorce, bueno, trece, es que ni modo de que Wicho agarrara avión y se fue en un camión de los Chihuahuenses y hacen pasadas de las 30 horas/nalga. Su vecina, la jefa del Fede le enseño a hacer atole. Primero hizo para unas tres tazas y lo probó y lo vomitó, estaba quemado y crudo al mismo tiempo. Le hablo de nuevo a la mamá del Fede, no le permitió tocar una sola cosa para que el Wicho se sintiera seguro de que él de sus manos lo estaba haciendo para su vatito prieto. Le salió mal, según la Fede’s mother porque le subió a todo la flama de la estufa del año del caldo y no se coció bien y se le tiro. Pero el segundo le salió más bueno y ya se animó a hacer dos litros y le puso ciruela, la verdad le salió rebueno, pero como quince minutos antes literalmente corrió a la señora agradeciéndole toda la tarde en que se molesto ayudándole, se fue recomendándole que lo dejara enfriar ya que hirviera bien y “antes de que se te tire Wicho, este si salió caro y ya no tienes tiempo” lo dejará enfriar bien y lo metiera al refri para enfriarlo muy bien y le durara dos días de camino.

Se fue la señora y entonces se desnudo y empezó a masturbarse, en seco, no se ensalivó como era su costumbre y coincidió que empezó a subir poco a poco el atole cuando su pene circuncidado empezó a llenarse de sangre todo ese tubo lleno de venas empezó a fluir un semen abundante pero sin chorro emanó a su mano, lo olió, era freso y poco ácido, más bien dulce (no había comido carne en tres días, no por ganas sino porque no tenía dinero). Dudaba en meterle la mano y se decantó por estirar la mano y con un dedo de la otra deslizó su semen al atole que ya estaba subiendo. Apagó la flama de la estufa, lo mezcló por última vez y en su mano con restos de semen mezcló una cucharadita de atole, la probo y sabía rico, ahora fue que sí se metió la mano a la boca revuelta de leche de güevos y atole de ciruela y se volvió a masturbar, tardó un rato en volver a eyacular. Mientras estaba “inspirado”, Fede toco a la puerta

— Espérate Fede, ven en unos quince minutos

— ¿Qué estas haciendo pinche marrano? deja un cacho de chora pa los compas, no seas culero

— No estés chingando Fede, ahorita te busco

Wicho estaba atareado. Eyaculó.

Preparados, listos…

— ¿Que pasó Fede?

— Pos es que nos vamos a juntar en la esquina de la tienda a pistear e irnos a la central como a las cuatro de la mañana pero bien empinados, a ver si nos podemos subir unas chelas al camión.

—Vámonos pues, lo que se vaya a pelar que se vaya remojando

Rieron juntos y se fueron, Fede con un filero y Wicho con tres canalas pa agradecer la despedida y una adicional que fue haciendo en el camino que se la dio al Fede

— Tu jefecita y tú me han ayudado un chingo, hasta con la comida que me dan

Ahí le pasó su carrujito…

— Na que, ni digas nada Wicho, eres ley aunque te guste la verdolaga, jajaja

— Pendejete este

… y se fueron felices a llenarse la garganta de cerveza.

Libaron felices aunque ahora el tiempo se iba tan lento como se consume una gruesa vela. Irían y vendrían no se cuantas cervezas, hoy la doña de la tienda hasta cerró una hora más tarde y les dijo que si querían más cerveza que le tocarán a su casa. Es que ahora si tenía negocio “Doña Pelos”, se juntó toda la flota y más segura se sentía teniendo a esa bola de güevones a unos metros de su casa, a lo mejor harían mucho escándalo, a lo mejor llegaría la patrulla pero era seguro que ella se sentía más segura porque sí serían unos cabrones de sangre fría en la calle, y sangre muy tibia pa trabajar pero la tienda era una extensión de la calle que dominaban.

Se oyeron las tres de la mañana con el desgranado de las campanas. En ese instante cruzaron miradas el Wicho y Fede que dijo…

— Bueno cabrones, aquí se rompió una jerga y nos vamos todos a la verga

— ¿Nos vamos a ir en las bicis Wicho? dijo el pelón

— No pelón, yo tengo que ir por un chingo de cosas a mi cantón, pero te encargó que me compres tamales, un resto cabrón, todos de carnita, nada de tamales rosas con moscas metidas (eran las pasitas que odiaba José). Me los das en la central, todos con bicis pa tomarles fotos y enseñárselas al José.

Saco un billete pa’l pelón que respondió…

— Me ofendes, culera, ¿Cuándo te he pedido chichi?

En un minuto quedo desierta la calle. Doña Pelos suspiró mirando al cielo (o al techo)

— Ay que poquito me duró mi agosto, Señor.

— Yo así me voy a ir, no me voy a llevar nada más que un varo, ¿Qué me llevo Wicho?

— Tus nalgas de aquí Fede, despierta a tu jefecita con el perdón, pero dile que me de la bendición

— Chale

Si se hubieran esperado una hora o cuarenta y cinco minutos ya estarían pasando los camiones pero no agarrarían el camión a tiempo. Taxi. Ya estaban las quince bicis con toda la banda y una patrulla que se alejaba

— Pinches vagos, ya les cayo la chota, jajaja

— Aquí están 30 tamales Wicho, son dos de cada vato pa’l José, y nos regalaron cinco vasitos de atole, quieres uno

— No gracias, con esta ollita tengo . Bueno chompitas, pos muchas gracias, los mirujeo pa luego que el camión ya se va a ir.

Era suficiente, ellos nunca se dicen adiós. Agarraron sus bicis, se dieron la vuelta y todos se fueron chiflando, quince chiflidos avisando su retirada, quince que se hicieron un confundible uno solo escandaloso. La gente temerosa los veía y se hicieron a un lado cuando Wicho y Fede fueron a la taquilla del Chihuahuense que haría un viaje laaaargo largo.

— Pinche raza, ni les hacemos nada y ya andan con sus mamadas. Que vamos a comer en todo el camino Wicho, ¿un poquito de atole?

— NO

— Uta’ cabrón, soy compa, mi jefa me dijo que salió bien bueno

— Perdón Fede, agarra los tamales que quieras, no te has de comer más de diez, pero no te puedo dar atole ( apunto pa sus adentros). No me preguntes

— Jajajajajaja, ya esta, te juro que no te pediré ni una sorbidita, trai toloache ¿verda’ puto? me dijo mi madre que la abriste como birote antes de que estuviera

— ¿Toloache?, sí bbbuey (arrastrando con sorna la /b/), con esa idea quédate, pero no agarres

— ¿…? que al cabo que ni quería

…fueeera (el camino)

El camino, mmm, el recorrido. No tiene gracia pa que sea capítulo. El despuntar de la mañana los agarró ya en camino y con velocidad constante. Ni para que mostrar un poco de desesperación, no era Zacatecas-Guadalajara, era un camino mucho más largo. Wicho saco un paquete verde que al verlo el Fede le tapo la boca y casi se dobla de la risa de la felicidad de las ansias de la emoción porque ya llegara la hora de la comida en que pararían en algún lugar y le pondrían al vicio pa ponerse todos pendejos y “suave es la carretera con el desierto lleno de monitos bailando pegándose al vidrio”.

— Dámela, tas meiopendejo pa si se sube la ley en una esculcada.

Saco su navajita chica y rajó el asiento, entre la esponja y el resorte del asiento quedó la bolsita zip lock con la yerba. Del otro lado de los asientos lo vio todo una señora que iba con su hijo como de unos diecisiete años. La señora pelo los ojos de susto y el hijo pelo los ojos de antojo que se puso a juntar boletitos que hallo tirados en el camión y con una mirada que le echo al Fede, le dijo que estaban en el baño. Fede se levantó y se encontró con cinco papelitos de camión y uno de papel arroz que decía “porfas de todos modos me cayo”. Regreso a su asiento y el morro rogando con la vista al frente cruzó su mano derecha con la izquierda como diciendo “móchate”. El Fede se amasó los güevos poniendo precio al favor de darle un toque compartido. El morro pareció no importarle el precio y Wicho medio mató con una mirada al Fede. Ni el Fede ni el morro le tomaron importancia.

Quedaban doce horas solamente para llegar, todos con calor y desesperados menos esa tercia que ya estaban rete pasados, la mamá del morro ni al pedo, iba bien dormida y Fede y el otro morro bien deslechados y drogados y el Wicho ya no quería fumarle. Ya el viaje cobrara con desesperación. El camión ya no iba tan limpio. Iban y venían servilletas, envolturas, envases, llantos de niños, ya era insoportable y de pronto ya se veían en paredes y rótulos en número 656… Ciudad Juárez por fin

— Por fin llegamos pinche Fede, un día de estos te van a meter al tambo por agarrar morrito

— Verdad del osito bimbo que tenía 19, me enseño su IFE

— Ya pues, yo me llevo la olla pa que veas

— Uy sí, con eso ya me ganaste, cabrón

De los dos litros de ese raro atole ya se habían hecho tres de una gelatina espesa a fuerza de mantenerlo tan frío como era posible con hielo que le vaciaban y envolvían la olla. De los treinta tamales esos sí se hicieron menos, a quince quedaron procurando que estuvieran variaditos y se cumplió. Mole verde, rojo, rajas con panela, costilla de puerco y de pollo, tres de cada uno, alcanzaba para un tamal de cada sabor para cada quien.

— Oye cabrón, esto ya esta retespeso, ¿lo tiramos?

— NO

— ¿Ps’ que tiene el puto atole que nomas te digo algo y te espinas en putiza?

— Que te importa

— Traga torta. Ah sí, un lonche me caería bien, mira, vamos a esa tienda compramos algo pa comer y compramos un anafre y ahí deben de vender carbón, en la esquina pasa el camión que nos acerca a la oficina de Derechos Humanos y de ahí va a salir el camión pa la línea.

Pues sí, haya se fueron, no era tan necesario el anafre porque muchos llevaban unos más chicos que otros. Los ojos un poco sumidos de ambos muchachos de tanto andar como pendejos medio comidos bien drogados y más excitados, uno con un ligue de paso y otro por la emoción de ver a su vato.

Pasaditas las nueve de la mañana, ya calaba menos el frío pero de todos modos una muchacha aviso.

— Señores, estaremos dentro de la línea en quince minutos, estaremos alrededor de las nueve y media y nos regresaremos todos a las seis de la tarde, habrá un camión a las tres para quienes deseen hacerlo más temprano. Gracias por confiar en nosotros y esperamos confiar en ustedes, siguen siendo libres en este nuestro país pero nos exigen vigilancia para regresar todos. Hemos llegado, solo resta buscar desde este poste hasta el tercero que se ve al fondo a sus familiares. Buenos días.

Finalmente se encuentran

El sol brillaba con fuerza, era un kilometro de área permitida, era solo ir a buscarlo, se fue hacia atrás unos 100 metros para iniciar a buscarlo desde el inicio, que no se perdiera ni un segundo de oportunidad, rápido se solucionó todo, un silbido, fuerte, recio, característico de él, con una tonada que ya extrañaba, el mismo trance que tomo yo creo que de Pepe el Toro y la Chorriada pero muy a su estilo. Wicho buscando de dónde venía el tono lo silbo a medias, finalmente se encuentran. La olla la dejó en el piso y corrió. Lo único que se le vino a la mente para que la demás gente no se culiara fue decirle…

— ¡¡Carnal!!

— Carnales los güevos y no se hablan, yo soy tu camote y el que no quiera pos que me diga

— Pinche José, como has cambiado

— No cabrón, decir que eres mi carnal y no poder agarrarte los tanates ps' ta hard cord

— Pinche pocho

— Sobres, te acompaño nada menos que el Fede, chale, ahora estas de que todo se te tiene que perdonar

— No mames cabrón, se ha portado bien leña junto con su jefa

— No si no digo nada de su puta madre, bien por ella

— Ya llegue, ya me voy, ni modo que no agarre otro enamorado de todos modos no puedo agarrar atole y ya me harte de tanto tamal en todo el camino, me da gusto verte simón

— Ya pues, llévate un cigarrito pa’l camino cabrón

— Na

José se iba a sentar recargado de la reja pero era la oportunidad de ver a Wicho y a la lontananza a la tierra que dejó, buscaba el frío seco de su tierra y dejo que hiciera cosas bien raras al Wicho

— Que trais en esa olla “carnal”

— Ya deja de mamar vato, te traje atole y unos tamales

Se revolvió las manos, unas a otras y se chupo los bigotes más largos que cuando se había ido de los brazos de Wicho. Wicho… pos se entretuvo haciéndole casita a una montañita de carbón y ya con las manos ennegrecidas encontró el ocote

— ¿Y porque no quisistes darle atole al cabrón este?

— Tú no digas nada, pasa un encendedor o fuego o lo que sea

— Perame, deja buscar con el compa de a lado

El tal compa de a lado se lo dio y junto con su familia se fueron para otro lado, yo creo que porque había niños y Wicho y José no eran asunto familiar, era desesperación por estar pronto juntos. Por recomendación de la jefa del Fede, dejó que hirviera tanto como le fue posible y se lo sirvió en una taza que ya no recogieron los familiares del vato de a lado en su carrera por alejarse de “esos pervertidos”. No era momento de hacer camorra

— Sobres pues, pásame un tamalito porfas. Sale vato, te cuajaste con el atole, que bueno que no le diste a este puto.

— Es que ese atole es muy mío

Detuvo su desesperada bebida, cruzaron la mirada, la sostuvieron, es posible que el chismoso de a un lado lo haya visto y se haya burlado, nada, nada en lo absoluto importaba. José detuvo su bebida y la dejó a un lado, pelo por completo un tamal y aventó la cáscara, metió todo el tamal en el atole y lo empezó a chupar. José empezó a buscar el sabor del cuerpo de Wicho y lo encontró impregnado en un güeso de ciruela que empezó a chupar junto con otro que ya tenía paseando en su boca. Metió su mano, sus tres dedos a su boca y salieron los huesos estilando la saliva del José que las revolvió en sus manos que sudaban y por la reja se los dio a Wicho que recibió las dos bolas lamiendo la mano sudada o mojada de su amante a lo lejano. Ahora sí el “amado público” se retiro fácil unos cinco metros de a cada lado. Fede se acercó viendo o imaginando problemas y José le grito al él o a todos, sepa…

— Nadie te llama cabrón, esto es entre nosotros

Fede imagino las mentadas de madre y las llamadas a misa, va el que quiere y el que no, pos no. Se hicieron siete metros de distancia de cada lado entre el “amado público” y esa llamarada de extraño erotismo. José pidió de favor…

— Dame un güevo tuyo y el otro te lo quedas

— ¡¡ A todos los familiares, por favor reúnanse que el último camión ya se va!!

Era la teoría de la relatividad, que raro, si eso parecía cinco minutos y ya se habían dado las seis de la tarde. Cada quien con un hueso en su boca seco, duro, es que sí habían pasado tantas horas como duro aquél acto de amor del que nadie quiso ser testigo temiendo su agresivo aspecto

— Wicho, en la navidad te lo agradeceré con todas las de ley mi cabrón, tengo que dejar este puto país de mierda, llego el 23.

José se quedó viendo como se iba el camión con Wicho a punto de la lágrima de Remy. Sepa la bola si eso que dijo era cierto.

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